
Cuando me encuentro con gente como la que se ha manifestado esta tarde en Madrid en favor de la familia (dicen ellos, como si los demás fuesemos unos destrozahogares o algo así) siempre me hago la misma pregunta: ¿y si fulanito fuese gay?, ¿y si de repente fulanito se encuentra a alguien que le niega los derechos que él sí disfruta simplemente porque su pareja es de su mismo sexo?, ¿y si a fulanito le prohiben adoptar a un crío con su marido sólo porque son gays? Esto es lo que hay, y eso es lo que pretende la Iglesia y el sector conservador de este país: discriminar y ahogar lo que gracias a Dios, ya no pueden evitar: que todos seamos iguales, que nadie nos pueda imponer su dogmatismo, y que podamos decidir libremente y por nosotros mismos. Resulta muy gracioso que estos sectores reaccionarios hablen del respeto al prójimo y de la no imposición de las ideas; ¿podría alguien explicarme en que le va a influir a Benedicto XVI si Pepe y Paco pueden casarse y ser felices?
Defiendo el derecho al matrimonio homosexual porque todos los seres humanos somos iguales y merecemos un trato igualitario; y si yo puedo casarme y llamar a mi mujer esposa, no tengo el más mínimo derecho a impedirselo a esta gente; defiendo la adopción por parte de matrimonios y parejas homosexuales porque 1º ya lo hacen siendo solteros (con lo cual, no se va a impedir que adopten y si tienen que negar su condición de pareja los estamos discriminando), 2º porque el argumento del desequilibrio psicológico, formativo o como queramos llamarlo es una falacia, y 3º porque la condición heterosexual no es sinónimo de éxito familiar ni mucho menos.
Creo que queda claro mi punto de vista y me gustaría terminar lanzando un ataque a los que hoy se han manifestado en contra de los homosexuales, repito, no a favor de la familia: esos que enarbolan la bandera de la familia, ¿que familia tendrán? No quiero faltar el respeto a nadie pero no es la 1ª vez que vemos como familias modelo terminan por no serlo tanto.

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