- Estás dibujando? Y que dibujas?
Las preguntas no eran tales, su enunciación respondía a la invasión que de mi espacio hacia mientras tanto una borrachina despeinada treintañera de gafas torcidas, uñas de porcelana y maletín sobaquero.

- Te importa si dibujo?
Nueva falacia interrogativa pues sin terminar la frase ya se disponía a blandir el lápiz contra mi débil habilidad para dibujar. Cualquier otra persona hubiera respondido con ira, enfado y malestar pero mi absoluta cobardía hacia el prójimo me obligó a dejar transcurrir la situación con cierta curiosidad por ver cómo concluía todo. A los cinco minutos se cansó de garabatear mi trabajo y comenzó a desgranar sus filias y fobias recalcando su placer por escuchar a los demás sin dejar de hablar un segundo (extraña paradoja, muy extendida por otra parte).
- Me cago en la cuna que te arrulló!! Jajajajaja! No conoces a Antonio Alcántara?, ese sí que es mi ídolo. Me cago en la cuna que te arrulló!! Jajajajajaja!
Confirmados mis temores: este personaje no era del lugar ni de ninguna parte,´no disponía de bebida así que se refrescaba con lo que hubiera por la mesa, lo mismo fuera cerveza caliente que cocacola aguada. Lo único que le preocupaba era mostrarme lo bien que le habían dejado las uñas con un seguro médico que oh gran diosa Ceres!, ella casualmente guardaba en su maletín del interrogante.
Cuando todo comenzaba a cuadrar, un nuevo personaje se enrolla en la filloa y con gran sorpresa, Cristina (que así se llamaba la aparición) lo convidó a sentarse con nosotros. Mis piernas temblaban con la calma chicha previa a la locura que se avecinaba hasta que la mandíbula se me desencajó al descubrir que toda la relación amistosa entre Cristina y Ricardo (pobre e inocente transeúnte de la nocturnidad) se reducía a lo ocurrido en mi presencia. Sin tiempo para sobreponerme, otro personaje de dudosa consideración, caracterizado por su flequillo-caracolillo surgido de su frente, se unía a nosotros para dedicarse a repetir cada vez que su voz se notaba:
- Sinceramente, sois más que patéticos. Nunca pensé que pudiera mezclarme con semejantes imbéciles.

Era increible, Cristina se bebía mi cerveza, Ricardo se quedaba catatónico mirando las paredes y la mezcla entre Superman y Manolo Caracol no paraba de calumniar nuestra existencia. Dadá en estado puro y yo sin mis pañales para adultos, que contradicción!
Ya lo dice Paco, el Pene en La gente no está preparada:
"Tened cuidado con los gatos, que se suben a los tejados y se pasean a ratos"

1 comentario:
Começo a conhecer-me. Não existo.
Sou o intervalo entre o que desejo ser e os outros me fizeram,
ou metade desse intervalo, porque também há vida ...
Sou isso, enfim ...
Apague a luz, feche a porta e deixe de ter barulhos de chinelos no corredor.
Fique eu no quarto só com o grande sossego de mim mesmo.
É um universo barato.
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