sábado, septiembre 01, 2007

Delirios lunares del increible mono Verde

*Para acompañar la lectura, desgarremos el cráneo terráqueo:





Sobre la inhóspita superficie lunar, más allá del horizonte sobre el que se asienta su cara oculta, mi compadre orbital el mono verde sienta su pelado trasero sobre el polvo para clavar sus ojos en lo infinito del universo.

Lo insondable de su paisaje le sumerge en la vigilia semiconsciente a la que se ha enganchado como única vía para el descanso.

Sus pensamientos en el abismo espacial lo reflejan pateando planetas para amortiguar el pesado yugo de las absurdas horas que el hombre le ha enseñado a cuantificar.

El destello gustativo que produce cada estrella al fundirse en su áspera lengua imprime una sensación ácida, aunque refrescante, al plano espectro que dibuja su conocimiento.

Cada uno de los distorsionados sonidos fantasiados por su tímpano sano le dibujan la trayectoria orbital de los satélites que circundan su imaginación, obstinados en alcanzar la plenitud del orden explicativo.

Así reposa la torturada conciencia del ermitaño fluorescente, el peso de la libertad categórica hace tiempo que la sometió al cruel yugo de la lógica, la física, la perfección y el derecho. Nadie creería que un mono reflectante pudiera habitar la Luna y sin embargo él, allí estaba, retorciéndose sobre la polvorienta superficie lunar, delirando acerca de lo métrico y lo crónico en busca de una salida al enigma sideral. Acepto la insustacialidad de las piedras como única regalía del paladar y prefirió el sobrecogimiento del espacio a la profunfidad del volumen.

De pronto, su viaje hasta el subconsciente abismal reflota sobre la antimateria para devolverlo a su desgarrador exilio por no comprender lo que a cada uno se nos impone. Sacudiéndose el químico pelaje que recubre su inmáculo cuerpo, recupera la verticalidad sin mayor interés, casi por inercia y se oculta en la penumbra de un cráter.

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