
Arrima el hombro.
Así, como si no tuvieras nada mejor que hacer.
Todos te necesitamos y tú nos necesitas.
Alinéate bien y mantén tu juicio amarrado; no hables, esa saliva puede ser útil en otra circunstancia.
Tu esfuerzo es primordial y tu abnegación, la clave.
No sufras ni padezcas, ahorra perspicacia.
El día que menos lo esperes valorarás tu esfuerzo.
Deshecha lo que sientas, lo que te lleve a ningún lugar.
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Ahora escúchame:
Te mentí, muérete !!

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