
Desde ayer somos un poco más iguales. Vivo en un colegio mayor de la Prelatura del Opus Dei y he mantenido esta postura desde la primera discusión: la igualdad, el respeto mutuo y la serenidad (a pesar de que yo mismo la haya perdido en tantas ocasiones). Es curioso como, cuando se plantea la conversación con algún miembro de la prelatura como desvían el asunto, toman otras problemáticas y las entremezclan o directamente hacen un ejercicio de abstracción y se fundamentan en lo natural o el orden. Os aseguro q mi paciencia, en muchos momentos ha sido nula, y q incluso, en ocasiones, he preferido dejar la controversia en aras de la convivencia. Pero desde ayer, todo debate ha llegado a su fin.

El PP recurrirá, pataleará y se enfurruñará como siempre, pero cuando no tienes la sartén por el mango, por mucho q t indignes, tienes q apechugar. Hoy, en España, ser homosexual es un poco menos motivo de discriminación. Ahora queda la terrible batalla de la normalización social; muchos m dirán q no es necesaria, q la sociedad es la primera q normaliza, a lo cual yo respondo q por un lado, es la 1ª en integrar, por una parte, pero por el reverso, se crea una homofobia y un desprecio propio de la época dictatorial. La iglesia católica ha perdido otra batalla en su beata y sacrosanta España, no creo q sea esta la q origine algún atisbo de autocrítica, pero al hombre y a la mujer del s. XXI cada vez les resulta más complicado llevar una vida cristiana y verdadera. No es que su colectivo me resulte interesante (aunque los respete, la cuestión espiritual es algo fundamental para el hombre), pero en este país la iglesia es el primer agitador social y pocos disponemos de una red tan bien distribuída como la suya q llega hasta el más pequeño núcleo poblacional existente en la península. En fin, felicidades a los homos y a los heteros, ya somos un poco más civilizados.

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