sábado, diciembre 09, 2006

Batallando tras la barra

Con los ecos del Götterdämmerung aún en el barrio, la gente de bien se entretiene tomando los primeros benjamines que anuncian ese período del año de tan poca estima personal como es la Navidad. La falta de oxígeno existencial en el trabajo comienza a hacerme confundir realidad y percepción hasta puntos un tanto surrealistas. Cuando el gran Salón revienta por las costuras, los hombres se transforman en ratones y las mujeres en gallináceas, los papelillos tornan plumas y el cacareo lo inunda todo. Yo, que de pequeño corría detrás de las gallinas de mi padrino allá en Portugal, me meto entre la marabunta repartiendo cafés a modo de cornucopia rebosante de maíz y todos los animalillos se revolucionan a mi paso con cacareos y chillidos.

Sin embargo cuando me quedo solo con el periódico, esperando al cafetero errante que nunca llega , pienso en lo que hago y en la Onda de Jobim, y me invade una melancolía poderosa que se anuda a mi garganta y no me deja leer las noticias. Es duro trabajar con un mundo que te abofetea en cada envite y más asumir que de su gusto (tan escaso como su humanidad) deberá salir tu reconocimiento. No cedo a la melancolía, mi casi espiritual sentido de la praxis me lo impide, pero cada desplante me obliga a recordar porque estoy sirviendo las mesas de mis contrarios.

Ahora llega lo más duro y me encuentro tan solo. Tempus fugit, Ultreia et suseia!




P.d. Me impongo esta semana la medalla a la paciencia desmedida por el bien del Estado. Gracias sistema!

1 comentario:

Anónimo dijo...

Jota, recuerda, si no cumples cada dia con tu trabajo, otra familia de Irkust se queda sin tractor.