sábado, diciembre 30, 2006

De cómo Leonardo dormía menos de cinco horas al día


Yo que pensaba que mi tiempo se dividía entre pocillos y papeles, yo que compaginaba los improperios del día y las incoherencias de la noche, yo que empezaba a surcar el Atlántico subido a un tazón de desayuno me encontré con la espuma entre los peñascos de la costa y me he quedado absorto con su cristalina gracia. Hay quien ya perjuraba sobre la piedra de mis ventrículos, incluso yo mismo accedí a prescindir de caramelos para evitarme más sufrimientos; pero las mareas son caprichosas, hoy me arriman a la costa, mañana puede que me lleven más allá del horizonte, por ahora sigo anclado a mi puerto cotidiano; mi corazón no late con más fuerza, resulta feliz volver a reconocer el sonido de un latido.

Lembra que somos dos presuntos colgados

1 comentario:

Anónimo dijo...

Agora em tudo o que faço
O tempo é tão relativo
Podes vir por um abraço
Podes vir sem ter motivo
Tens em mim o teu espaço

Todo o tempo do mundo
para ti tenho todo o tempo do mundo
Todo o tempo do mundo