miércoles, diciembre 27, 2006

De lo grotesco en lo español


Las civilizaciones, los pueblos y las sociedades se han distinguido siempre por considerar como cultura las más elevadas de sus expresiones. Sin embargo, nuestra tradición peninsular ha ofrecido desde siempre una doble moral, un desdoblamiento entre lo elevado y lo llano, lo excelso y lo grotesco. Si Velázquez retrataba con dulzura al infante D. Baltasar, al tiempo se regalaba en la mueca del patizambo; si la majeza madrileña se retrataba mediante el pincel de Goya, el propio genio se recogía en la oscuridad para contemplar un aquelarre; los ripios de Quevedo se mezclan con su Buscón, incluso el gran Cervantes se divierte con Rinconete y cortadillo. Es la belleza de lo grotesco, de lo feo, del pícaro molido a palos y las infantas maniatadas al árbol.



Debemos recuperar el aprecio por la muerte. El temor de Dios y el maniqueísmo occidental nos la retrataron de dolor y tristeza. Es preciso escarbar en la tradición para recuperar la particularidad del óbito. Sólo se muere una vez, deberíamos celebrarlo. En el año 2006 seguimos anonadados como Cortés y sus cohortes cuando llegaron al futuro México y contemplaron la alegría y el encanto de los nativos por el sueño eterno con sus celebraciones marcadas de "macabras" escenas.

La estética del embellecedor para el que tenga reparos, a mí dadme una mochila que yo le cuelgo el chorizo.

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