
Bombillas bañadas en pintura barata, barbas postizas de esas que huelen a armario cerrado, caramelos a granel y papel de regalo para que Cristo envuelva el Escorial; ésa es nuestra siempre entrañable Navidad: una en donde las compañías de seguros donan 5 euros a una ONG por cada seguro contratado (lo más sangrante es que muchos se "solidarizan"), una en la que las familias se endeudan para "celebrar" tan entrañables fechas (las madres acomodan sus grilletes a las cocinas, los abuelos sonríen forzados pensando en el que ya no está y los niños descubren que para recibir regalos no hay más que pedirlos), una Navidad en definitiva que sólo "prepara nuestros corazones" (maldito adoctrinamiento catequista) para consumir, excederse y aumentar la hipocresía y las apariencias de una España podrida y empobrecida tanto cultural como socialmente.
Soluciones hay muchas, algunas más que obvias a pesar del perogrullo

La solución: llevar más allá de las puertas de mi casa la consigna antisistema que desde hace años mi madre implantó en casa: en Nochebuena y fin de año, huevos, salchichas y patatas fritas para todos!
- O marisco que o coman os señoritos!
- Aí, a mín que me deixen a botella de caña!
Deixade o Nadal aos que non sintan o corazón no peito o resto do ano; ao resto: sobrevivide a este maremagnum de guirnaldas do Cortello Inglés (por certo, precisamos axuda para rescatar a Giovanni das súas catacumbas) que logo veñen as rebaixas e collennos baixos de moral.
Feliz navidad? Tuh muertoh!

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