Clara la luna me ilumina y camina
entre sollozos mi alma,
silbando a los grillos
antiguos versos de amor.
Poemas viejos e intermitentes
como esta noche las estrellas
repicando el firmamento de pura luz,
combustión y destello.
Corre mi niño tras una de ellas.
Tropieza y cae. Con la mirada perdida
siguen sus ojitos su fulgor escintilante,
y mi niño estira su manita
pero sus dedos no le alcanzan.
¿Que dibujas en la arena
con tu ramita de olivo?
Ya no miras al cielo.
Ensucias tus manitas con tierra
y tarareas modelando estrellas
por los caminos.
De emoción el cielo llora
por otro niño que se vuelve anciano,
otro corazón mustio y resignado
a construir castillos en la arena
en lugar de cazar estrellas
durante las noches de verano.
J. La Vía Láctea

1 comentario:
Bravo, jotis, sin más comentarios.
O rato
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