
No alcanzo a concretar si la situación es resultado de la charlatanería propia del ibérico que inunda todos los campos de su vida o de su falta de sentido propio sobre la realidad. Lo curioso es que el permanente, el usurero, el traidor, el mezquino no precisa emponzoñar más la cabeza de su atento público: la propia sociedad ha tomado con su mano los mecanismos de represión y uniformidad de forma excluyente y egocéntrica. Esta disyuntiva tenía un sentido y un contexto lógico en las sociedades predemocráticas donde sí se plantea un modelo a seguir que a su vez destapa las desviaciones o mutaciones heterodoxas, dañinas para un sistema unilateral que debe erradicarlas. Hoy, en democracia, en pleno gobierno del pueblo, la discriminación se acentúa y el racismo social se exacerba hasta límites insospechados: todo aquel que se distingue es un antisocial y debe ser suficientemente marginado hasta que recapacite, madure o lo que es peor "ya caerá de la burra".
En teoría ese tiempo de uniformidad de pensamiento y vida pasó tras la muerte del dictador en 1975 y la constitución de 1978. Y digo en teoría porque la realidad muestra algo sencillamente opuesto: un partido político con más de 9 millones de votantes se niega a condenar un régimen dictatorial, una banda armada formada por cuatro niñatos consentidos mata a dos supervivientes ecuatorianos que vinieron al mundo de la buena vida a ganarse el pan, las multinacionales continúan sacando los estipendios propios del sistema pecuniario adaptado a sus necesidades mientras los perros de la política nacional se pelean entre ellos por el hueso de los votos de una sociedad adormecida por la enchenta occidental y neoliberal navideña.
Este es el reflejo de España sobre el espejo, el resplandor cegador de una luz enfermiza como el sol del mediodía que tanto daño hace y que sólo sabe rascarse la barriga y lucir el palmito.
Así pues, y convencido de que en este país hemos sufrido una amnesia sociopolítica desde el año 1978, dejo un testimonio audiovisual a modo de esperanzado mensaje de ánimo. Gracias, españoles.

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