Voy y vengo por el caminito de la vida: por días me siento artista, por días me siento charcutero y los más de ellos, simplemente no me siento. Me quedo con Vinicius de Moraes: "A vida é a Arte do encontro, embora haja tanto desencontro pela vida."
Se respira el nerviosismo tras las bambalinas. Entre tramoya y ensayos, durante los tres o cuatro últimos años mi cerebro he trabajado a fuego lento, como el bueno de Picadillo, mezclando experiencias, lisergias y espantos en proporción para conseguir el bocado artístico que en su día mascullé: a finales de este mutante Enero podré entregar mi primer dossier profesional. Que nadie pretenda un tratado sobre la armonía y el decoro pues precisamente contra ellos y muchos de sus primos van mis prerrogativas. Los nervios son muchos pero la sensación de la mesa puesta y el plato caliente invita a sentarse sin demora: la obra está concluída, cada segundo que tarda en exhibirse su esencia sufre y el creador se angustia.
Este es el año de la declaración. Registro y admiración, bedankt.
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