lunes, febrero 26, 2007

Y se hizo justicia: Gracias Mamma!

Tengo claro desde hace tiempo que la mejor forma de ayudar al cine es no pisar ni por asomo las salas de proyección. Sin embargo, el pueblo llano se suele soliviantar al oír estos comentarios para a continuación patalear y exigir su dosis de atontina complex.
Los Oscars son el empaste dorado de la caries cinematográfica y a un mismo tiempo el testigo de la historia de la gran pantalla. Casi todos los grandes maestros (disculpe Mr. Alfred) se encuentran en su palmarés, y entrar en la lista de sus agraciados implica un conocimiento del medio casi natural. Hacia tiempo que no disfrutaba de un premio así, pero la pasada madrugada los cielos de Norteamérica se abrieron para permitir que se elevara al paraiso del celuloide, entre rechonchos puttis de dedos salchicheros, uno de los más brillantes directores del cine de finales de siglo: Martin Scorsese.



No voy a relatar filmografías ni criticar escenas, ni siquiera he visto su última película; a estas alturas se colgarán miles en la red, y el que conoce su trabajo se sosiega ante el triunfo. Este pequeño apunte es de agradecimiento. Gracias por coger una cámara y grabar las albóndigas de tu madre, Gracias Scorsese!

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