viernes, marzo 23, 2007

El destino, la inercia y la gravedad


Me caí de una rama al cesto de la compota. De algo tan simple y nítido como la weltanschaung de una manzana aprendo en la retirada el valor del objetivo. Ahora que las aguas se encauzan, las voces se disipan y el oído se complace en la inmensidad del silencio, comprendo el fracaso en su desagradable rotundidad y veo un poco más inclinado el plano de la realización.

Sin embargo, el agua siempre caerá por el torrente. Sólo los salmones más aguerridos llegarán a la calma y gozarán su existencia. Y esta no les llega con autocomplacencia. Han espoleado mi sentido crítico y éste sólo conduce a los tambores de guerra. Ahora empieza el capítulo clave, el desarrollo de tema imprescindible en toda sinfonía.

La falta de material es un hecho circunstancial. Hay ciegos y cegados.
Gracias Pombal, we're on way!

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