
Los clásicos solían retratarse rodeados de sus instrumentos, cómplices y solícitos elementos que acompañan al artista en su devenir creativo. No sé si por fijación educativa o traición del subconsciente siempre me han llamado la atención esos retratos corporativos donde los captadores son captados y se enfrentan al espejo.
Ayer tuve una mañana de locura. En un arrebato registracionista me lancé a la calle a tomar unas "instantáneas" de enajenaciones nonatas (no tengo derecho a engendrar, maldito Foro de la Familia!) para mi superagente secreta en la Puebla de los barquillos finos, Terebere. Las inclemencias del Atlántico hicieron mella en nuestra voluntad y a lo esperpéntico de lo extraño en la provincia se unió una lluvia de Poniente que diluyó el coraje y nos retiró sin contestación posible. A pesar de todo, las imágenes se sacaron y ahora ya tengo registro digital de algunas cosillas. Q cuando verán la luz? Se aceptan apuestas señores! Prometo que toda oferta será considerada (especuladores del LK y el Té verde, absténganse) pero el pánico a los corsarios de la pasta me impide por ahora asomarlas al espejo. Lo q sí puedo presentaros es la fotografía de presentación; como os decía, un homenaje al santoral moderno, la mitología neoclásica y el iconismo soviético; una escultura viva sobre naturaleza muerta para presentarme. Gracias, éste es J. La Vía Láctea.

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