martes, septiembre 04, 2007

Costumbres patrióticas del uraño mono verde

La patria del mono son las profundidades del satélite nocturno. Por eso, cuando el mono realiza sus tareas cotidianas, nadie acierta a distinguir si es un antisocial o un engranaje más de una sociedad oculta. Como no dispone de agua, cada fase peregrina hasta la laguna más recondita para recolectar el polvo más cristalino y puro, el único que sacia su sed.

Al regreso del manantial escondido, su pelaje brilla con mayor intensidad, reluciendo sobre las piedras inertes que alteran el sendero. El paisaje y las brisas orbitales le abren el apetito a la media noche, hasta el punto que el mayor placer del ácido primate consiste en sentir como crujen bajo sus mandíbulas los guijarros maduros por la ausencia de atmósfera.

En ocasiones, cuando el tiempo lo permite, el mono verde sube hasta el punto más alto y desciende la ladera bailando una vieja polka rusa que Gagarin se dejó olvidada en su visita con el teleférico espacial. El mono verde gusta mucho también del buen jazz latino aunque reconoce a los más íntimos su predilección por los nocturnos de Chopin.

Pese a lo que parece, este simio es un delicado y cultivado doctor en Filosofía y Letras por la universidad de Houston, ciudad a la que dedico su tesis doctoral "Houston: cohetes, baloncesto, petróleo y poco más".

Desde entonces, nunca más tento a la pluma aunque últimamente vuelve a sentir cierto cosquilleo en la nuca

No hay comentarios: