Y en eso llegó Rajoy. Y llegó con la boca caliente y dispuesta a soltar sandeces; sandeces como la de ayer en la que defiende la dictadura de los extremos estancos. Durante estos muy largos casi cuatro años, muchos hemos tenido que soportar desde la ventana o desde la misma calle suficientes operetas y revistas de variedades orquestadas desde Génova como para rellenar el mismísimo sambódromo de Rio. Nuestra mala suerte hace que en vez de diversión y alegría vayan dejando a su paso indignación e intolerancia. Así es España, el país donde los demócratas y defensores de la libertad se niegan a condenar la dictadura y consideran anecdótico devolver la dignidad a los cadáveres que la sufrieron. Así es mi país, donde da igual lo que se diga o se haga porque al final todo es rojigualda.
Ya lo explique muchas veces, no me voy a repetir. El PP está proponiendo el blindaje de una nueva dictadura bipartidista y no será el PSOE quien lo evite o discuta. Si no queremos volver a los tiempos de Cánovas y Sagasta, más vale que reflexionemos. O mejor no, dejad que todo siga su curso y dancemos en torno a la hoguera del integrismo cristiano-occidental mientras el resto del planeta afila el cuchillo.
Cada día que pasa me siento más iberista; en Portugal está la solución a la realidad española. La "balcanización" está ahí. Sólo falta saber quien cojera las armas para defender su unidad nacional primero.
Viva la Federación de Repúblicas Ibéricas !! Viva el
Iberismo
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