- Has visto como baila hoy Lupita?
- A mí me lo estás contando. Parece fuego cuando la toco.
- Pues ándese con cuidado comprade, no sea que se chamusque.
Vuelta a la pista. Algo se descontrae en el corazón, la electricidad de los bailarines da paso al suave vaiven de las olas del litoral. Los rostros se arriman entre arrumacos arrullados por la orquesta. Una mujer se deja reposar sobre mi pecho, vuelvo a sentir funcionar mi corazón, algo se agita en él. El implorado anhelo por una canción sin término se esboza en mis entrañas. Cambio, los cuerpos se separan con el resorte natural de la música, toca candela. Nuevo aparte.
- Me falta esto para besarla. No sea cuanto resistiré.
- Resistir tú? No vengas con historias, lo que te falta son agallas y ron. Déjate de películas y arráncate si no quieres perder el tren.
- No te falta razón amigo, no te falta razón; hay que coger el urbano en movimiento. Vamos allá.
Como caí sobre la pista, me agarré a ella para flotar sobre las notas. La luz se atenuó y nos fundimos en un beso carnoso y azucarado. Mejor sencillo y sincero. Los olvidados músculos del amor se despiertan con la excitación contraída. Secuestrados por lo desafinado, así queriamos permanecer.
Derramada la última copa en la moqueta no queda nada para nadie. Sólo las colillas esperan su cita con la escoba. Primero, el trago merecido; y ahora al tajo. Se cierra el Cabaret. Hasta la noche ...

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